Alabado sea Alá, y que la paz y las bendiciones sean con el Mensajero de Alá.
La murāqabah es que el musulmán tenga siempre presente que Alá lo ve, escucha sus palabras, conoce tanto su interior como su exterior y está plenamente informado de sus obras e intenciones. Por ello, vigila su relación con su Señor tanto en privado como en público.
Alá, el Altísimo, dice:
«En verdad, Alá siempre os observa.»
(Corán 4:1)
Y también dice:
«Y sabed que Alá conoce lo que hay en vuestro interior; así que temedle.»
(Corán 2:235)
La realidad de la murāqabah también aparece en el famoso hadiz de Yibril. Cuando preguntó al Profeta ﷺ sobre el iḥsān (la excelencia espiritual), él respondió:
«Que adores a Alá como si Lo vieras; y si no Lo ves, ciertamente Él te ve.»
La murāqabah es una de las mayores causas de la sinceridad, de perfeccionar la adoración y de abandonar los pecados. Hace que el creyente sienta vergüenza ante su Señor y procure obedecerlo en privado igual que en público.
También es fruto de creer en los Bellos Nombres de Alá, como Ar-Raqīb (El Vigilante), Al-'Alīm (El Omnisciente), As-Samī' (El Omnioyente) y Al-Baṣīr (El Omnividente).
La murāqabah es mantener constantemente la conciencia de que Alá observa a Su siervo y conoce tanto lo oculto como lo manifiesto. Esto conduce al musulmán a la sinceridad, a la excelencia en la adoración y al abandono del pecado, hasta alcanzar el grado de iḥsān mencionado por el Profeta ﷺ.
Y Alá sabe más.