La salat, o oración, es uno de los Cinco Pilares del Islam y un componente clave en la vida diaria de cada musulmán. Sirve como un vínculo directo entre el musulmán y Allah, brindando una oportunidad para la reflexión espiritual, la gratitud y la súplica. Para un musulmán recién convertido o cualquier persona que esté aprendiendo sobre la salat, entender la manera correcta de realizarla es crucial para obtener todos sus beneficios.
En este artículo, exploraremos el proceso paso a paso para aprender la salat en el Islam, desde los componentes esenciales hasta el significado de cada acción.
La salat es una parte fundamental de la rutina diaria de un musulmán y sirve para fortalecer el vínculo con Allah. Se realiza cinco veces al día: Fajr (antes del amanecer), Dhuhr (mediodía), Asr (tarde), Maghrib (puesta del sol) e Isha (noche). Estas cinco oraciones dan estructura al día y actúan como recordatorios del propósito de la vida de un musulmán: adorar a Allah y vivir según Sus directrices.
La importancia de la salat se destaca en el Corán y en los Hadices (dichos del Profeta Muhammad, PBUH), donde se menciona repetidamente como uno de los actos de adoración más esenciales. Purifica el corazón, fortalece la fe y sirve como recordatorio de la grandeza y la misericordia de Allah.
«En verdad, la oración ha sido prescrita para los creyentes en tiempos determinados.» (Corán 4:103)
Los beneficios de la salat van más allá de los actos físicos de estar de pie, inclinarse y postrarse. La salat es una práctica espiritual que cultiva la disciplina, la paciencia y la atención plena. También ayuda a los musulmanes a mantener la gratitud, buscar el perdón y protegerse del pecado.
La regularidad de la salat ayuda a desarrollar una rutina y mantener un recuerdo constante de Allah. También proporciona un sentido de comunidad cuando se realiza en congregación, fortaleciendo los lazos entre los musulmanes.
Antes de realizar la salat, el primer paso es hacer la intención (niyyah). Esto se hace en el corazón, y la persona debe decidir qué oración va a realizar. Por ejemplo, la intención para la oración de Fajr se hace antes de comenzar. La intención es esencial porque distingue la oración como un acto de adoración.
«Las acciones se juzgan por las intenciones, y cada persona será recompensada según lo que haya tenido la intención de hacer.» (Hadiz – Bukhari)
Antes de realizar la oración, un musulmán debe estar en un estado de pureza física. Esto se logra mediante el wudu (ablución), que implica lavar partes específicas del cuerpo: manos, boca, nariz, cara, brazos, cabeza y pies. El wudu asegura que un musulmán se acerque a la oración en un estado de pureza, tanto espiritual como física.
Si un musulmán está en un estado de impureza mayor (como después de un acto sexual o durante la menstruación), debe realizar el ghusl (purificación total del cuerpo) antes de rezar.

Una vez que se haya hecho la intención y realizado el wudu, el siguiente paso es ponerse de pie en dirección a la Qibla (la Kaaba en La Meca). El musulmán se coloca en una postura respetuosa con las manos levantadas, y la oración comienza con el Takbir al-Ihram (decir «Allahu Akbar», lo que significa «Allah es el Más Grande»).
Durante el Qiyam, se recita la siguiente oración:
Esta parte de la oración es un momento de conexión y concentración, donde el creyente se mantiene en humildad y devoción.
Después de recitar Al-Fatiha y otra sura, el musulmán pasa a la posición de ruku, donde se inclina hacia adelante, manteniendo la espalda recta y las manos en las rodillas. Esta posición simboliza la sumisión a Allah y es una señal de humildad. Durante el ruku, se recita lo siguiente:
«Subhana Rabbiyal Azeem» (Gloria a mi Señor, el Más Grande)
La posición de ruku sirve como un recordatorio de la grandeza de Allah y del estatus humilde del siervo.
Después de la inclinación, el creyente vuelve a una posición erguida, diciendo:
«Sami’ Allahu liman Hamidah» (Allah escucha a quien Lo alaba).
Luego, añade:
«Rabbana lakal hamd» (Nuestro Señor, a Ti pertenece toda la alabanza).
Esta posición simboliza el reconocimiento de que toda alabanza pertenece a Allah y es una forma de gratitud por Sus bendiciones.
A continuación, el creyente se coloca en la posición de sujood, donde la frente, la nariz, ambas manos, ambas rodillas y los dedos de los pies tocan el suelo. Este acto de prosternación representa la mayor humildad y sumisión a Allah. Se recita lo siguiente en sujood:
«Subhana Rabbiyal A’la» (Gloria a mi Señor, el Más Alto)
La prosternación se considera una de las posiciones más poderosas e íntimas en la salat, ya que es en este momento cuando el musulmán está más cerca de Allah.
Después de realizar dos prosternaciones (sujood), el creyente se sienta sobre sus piernas en una postura de calma y reflexión. Esta posición se llama jalsa. Durante este tiempo, el creyente puede recitar lo siguiente:
«Rabbighfir li» (Mi Señor, perdóname).
Este es un momento de súplica y reflexión antes de volver a la prosternación.
Al final de la oración, después de la última prosternación, el creyente se sienta nuevamente y recita el Tashahhud (testimonio de fe):
«At-tahiyyat li-Lah, wa-salawat wa-tayyibat. Assalamu ‘alayka ayyuha an-nabiyy, wa rahmatullahi wa barakatuh. Assalamu ‘alayna wa ‘ala ibadillahi as-salihin.»
Esto se traduce como: «Todos los cumplidos, oraciones y palabras puras son para Allah. La paz sea contigo, oh Profeta, y la misericordia de Allah y Sus bendiciones. La paz sea sobre nosotros y sobre los siervos justos de Allah.»
Finalmente, la oración se concluye con Tasleem (saludo), girando la cabeza hacia la derecha y luego hacia la izquierda, diciendo:
«Assalamu Alaikum wa Rahmatullah» (Que la paz y la misericordia de Allah sean sobre ti).
Esto marca el final de la salat, y el creyente puede reflexionar sobre su oración y hacer súplicas adicionales.
Estas son las cinco oraciones diarias que cada musulmán debe realizar. Cada una tiene su propio tiempo específico:
Además de las oraciones obligatorias, los musulmanes también pueden realizar oraciones voluntarias. Estas incluyen las oraciones Sunnah, que son altamente recomendadas por el Profeta Muhammad (PBUH), y las oraciones Nafl, que pueden realizarse en cualquier momento.
Algunas oraciones, como la Tahajjud (oración nocturna) y Witr (oración impar), tienen un significado especial. Se recomienda mucho su práctica para el crecimiento espiritual y para acercarse a Allah.
Aprender la salat puede parecer abrumador al principio, pero es esencial comenzar lentamente y dividir la oración en pasos manejables. Comienza con los gestos básicos y las recitaciones, y gradualmente aumenta tu comprensión con el tiempo.
Existen muchos recursos disponibles para ayudarte a aprender la salat, como aplicaciones móviles, tutoriales en línea y clases locales en mezquitas. No dudes en pedir ayuda a otros musulmanes o en buscar la orientación de maestros conocedores.
Al igual que cualquier habilidad, la práctica es esencial para dominar la salat. Establece un horario regular para realizar tus oraciones, incluso si comienzas con solo una oración al día. Cuanto más practiques, más confiado y cómodo te sentirás al realizar tu salat.
Comprender el significado de las palabras y acciones en la salat profundizará tu conexión con la oración. Intenta aprender las traducciones y los significados de las súplicas que recitas para que puedas hacer que tus oraciones sean más reflexivas.
Aprender la salat es un proceso gradual que requiere paciencia, práctica y devoción. No es solo un acto físico; es una práctica espiritual profunda que acerca a los musulmanes a Allah. Al seguir los pasos descritos anteriormente, buscar conocimiento y practicar regularmente, cualquiera puede aprender a realizar la salat correctamente y disfrutar de los innumerables beneficios de este importante acto de adoración.
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