Todas las alabanzas pertenecen a Allah, y que la paz y las bendiciones de Allah sean con Su Mensajero.
No conocemos ninguna prueba auténtica que indique que las obras de las personas sean presentadas a Adán (la paz sea con él) después de su muerte, y mucho menos que él vea las obras de sus descendientes.
En cuanto al relato sobre Adán y David (la paz sea con ambos), este ocurrió durante la vida de Adán. Allah le mostró a Adán a su descendencia, entre quienes se encontraba David (la paz sea con él). Adán quedó impresionado por la luz que veía en él y preguntó quién era. Cuando supo que era David, le concedió voluntariamente cuarenta años de su propia vida. Este relato está confirmado en el hadiz de Abu Hurairah (que Allah esté complacido con él), narrado por el Imán Ahmad y al-Tirmidhi, y considerado hasan (bueno) por los sabios.
Sin embargo, después de la muerte de Adán, no existe ninguna prueba auténtica que demuestre que las obras de las personas le sean presentadas o que él tenga conocimiento de ellas.
Del mismo modo, no existe ninguna prueba auténtica que demuestre que las obras de esta comunidad (Ummah) sean presentadas al Profeta Muhammad ﷺ. Lo que sí está auténticamente establecido es que las bendiciones y los saludos (Salat y Salam) que los creyentes envían al Profeta ﷺ le son transmitidos, y que los ángeles le hacen llegar los saludos de su comunidad.
Y Allah es Quien más sabe.