Alabado sea Allah, y que la paz y las bendiciones sean con el Mensajero de Allah.
Si un musulmán es obligado realmente a pronunciar palabras de incredulidad mientras su corazón permanece firme en la fe, le está permitido hacerlo para protegerse del daño y no se convierte en incrédulo por ello. Allah concedió esta licencia al que es verdaderamente obligado.
Allah, el Altísimo, dice:
«Quien reniegue de Allah después de haber creído, excepto quien sea obligado mientras su corazón permanezca tranquilo en la fe…»
(Corán 16:106)
Los sabios coinciden en que quien pronuncia palabras de incredulidad bajo una coacción real, mientras su corazón permanece firme en la fe, no comete pecado ni sale del Islam.
No toda amenaza constituye coacción. La coacción que permite esta concesión es aquella en la que existe un temor real por la vida, la pérdida de un miembro o una tortura insoportable, siempre que:
El miedo a perder dinero, prestigio o a las críticas de la gente no entra en esta categoría.
Ambas opciones son permitidas.
Algunos compañeros, como Bilal ibn Rabah, soportaron terribles torturas sin pronunciar palabras de incredulidad.
La mayoría de los sabios considera que la paciencia y la firmeza son superiores, especialmente si la persona es un ejemplo para los demás.
No. Si la coacción es válida y su corazón permanece firme en la fe, no se convierte en incrédulo ni en idólatra.
En cambio, quien pronuncia palabras de incredulidad voluntariamente o las acepta con satisfacción entra dentro de la advertencia mencionada en el Corán.
Si un musulmán es obligado de manera real, puede pronunciar palabras de incredulidad mientras su corazón permanezca firme en la fe, y no sale del Islam por ello. Sin embargo, según la mayoría de los sabios, soportar la prueba con paciencia y firmeza es mejor, incluso si ello supone la muerte.
Y Allah sabe más.