Alabado sea Allah, y que la paz y las bendiciones sean sobre el Mensajero de Allah. Dicho esto:
Allah, el Altísimo, está completamente libre de toda injusticia. Dice en el hadiz qudsí:
«¡Oh, siervos Míos! Me he prohibido la injusticia a Mí mismo y la he hecho ilícita entre vosotros, así que no seáis injustos unos con otros».
La injusticia incluiría privar al siervo de un derecho que le corresponde, castigarlo sin haber cometido una falta o hacer que se pierdan sus buenas obras. Allah, el Altísimo, está completamente exento de todo ello.
En cuanto a las diferencias entre las personas respecto a la riqueza, la belleza, la salud y el conocimiento, esto no constituye injusticia. Todas estas cosas pertenecen a Allah y forman parte de Su favor. Él concede a quien quiere con sabiduría y priva a quien quiere con sabiduría.
Es importante distinguir entre justicia y favor:
Allah no es injusto con nadie, pero favorece a algunos de Sus siervos sobre otros en determinados asuntos de esta vida como prueba.
Allah dice:
﴿Y Allah distingue con Su misericordia a quien Él quiere.﴾
Y dice:
﴿Si Allah concediera abundante sustento a todos Sus siervos, se excederían en la tierra; pero Él hace descender lo que quiere en la medida apropiada.﴾
La riqueza puede ser una bendición para una persona y una prueba para otra. La pobreza puede acercar a un siervo a su Señor, mientras que, si recibiera riqueza, quizá se volvería arrogante y corrupto.
Allah, el Altísimo, dice:
﴿En cuanto al ser humano, cuando su Señor lo pone a prueba honrándolo y concediéndole bendiciones, dice: “Mi Señor me ha honrado”. Pero cuando lo pone a prueba restringiendo su sustento, dice: “Mi Señor me ha humillado”. ¡No!﴾
Esto significa que recibir bendiciones mundanas no siempre es una prueba de honor, ni ser privado de ellas es una prueba de humillación. Ambas situaciones pueden ser pruebas.
Una persona puede mirar a otra y ver que posee riqueza, belleza y conocimiento, pero no ve todas las pruebas, preocupaciones y dificultades que existen en su vida.
Solo vemos una parte de la vida de los demás y desconocemos muchas de sus circunstancias.
Por ello, una persona no debe juzgar la justicia de Allah simplemente comparando lo que posee con lo que poseen los demás.
Las mayores bendiciones no son la riqueza ni la belleza. Entre las mayores bendiciones están la fe, la guía y la tranquilidad del corazón.
Una persona puede poseer muchas cosas de este mundo y, sin embargo, carecer de tranquilidad y guía, mientras que otra puede tener poco dinero pero ser rica en fe, satisfacción y cercanía a Allah.
La persona oprimida puede suplicar contra quien la ha tratado injustamente en proporción a la injusticia sufrida, sin exceder los límites.
Sin embargo, perdonar y tener paciencia es mejor si ello no hace que el agresor continúe o aumente su injusticia.
Si la súplica alivia a la persona oprimida o contribuye a apartar la injusticia, no hay inconveniente en decir, por ejemplo:
«Oh Allah, protégeme de su mal, aparta de mí su injusticia y devuélveme mi derecho mediante Tu justicia».
Quien tenga paciencia y busque la recompensa de Allah será compensado por Él con algo mejor en esta vida o en la Otra.