Alabado sea Allah, y que la paz y las bendiciones sean con el Mensajero de Allah.
La fatwa explica que los ashʿaríes coinciden con los yahmíes en afirmar que las expresiones verbales del Corán son creadas, pero se diferencian de ellos al afirmar un habla eterna subsistente en la Esencia de Allah, a la que denominan «kalām nafsī». Por tanto, la coincidencia es parcial y no significa que ambas doctrinas sean idénticas.
La fatwa también diferencia entre juzgar una afirmación y juzgar a una persona concreta. Señala que un sabio que haya llegado a una conclusión errónea mediante una interpretación puede tener una excusa, al igual que una persona ignorante que sigue a otros, y que no se debe declarar incrédula a una persona determinada antes de que se haya establecido la prueba contra ella.
Según las citas presentadas en la fatwa, los ashʿaríes distinguen entre kalām nafsī y el habla verbal.
Para ellos, el kalām nafsī es un atributo eterno subsistente en la Esencia de Allah. En cuanto a las palabras que se leen y se escriben, son creadas y señalan ese habla eterno.
Por ello, describir el kalām nafsī simplemente como «pensamientos» no expresaría con precisión el significado pretendido en las fuentes citadas. Estas lo describen como un significado eterno subsistente en la Esencia de Allah, no como pensamientos que aparecen y desaparecen.
Al-Bājūrī dijo:
«Debes saber que el habla de Allah se utiliza para referirse al habla interna antigua, es decir, que es un atributo subsistente en Su Esencia, Exaltado sea».
Después mencionó que también se utiliza para referirse al habla verbal, en el sentido de que Allah la creó.
Explicó que el Corán entendido como kalām nafsī es increado según ellos, mientras que la expresión verbal que se recita es creada. No obstante, prohibieron afirmar de manera absoluta «el Corán es creado» fuera del contexto de la enseñanza, por temor a que se entendiera que la afirmación incluye el atributo subsistente en la Esencia de Allah.
Véase: Sharḥ al-Bājūrī ʿalā Jawharat al-Tawḥīd, pp. 94–95.
La fatwa cita a ʿAbd al-Salām al-Laqānī diciendo que el kalām nafsī es un único significado, indicado mediante la expresión, la escritura y los signos. Si se expresa en árabe, es el Corán; en siríaco, el Evangelio; y en hebreo, la Torá.
Véase: Sharḥ Jawharat al-Tawḥīd, p. 159.
La fatwa critica esta formulación y no adopta la idea de que el Corán, la Torá y el Evangelio sean simplemente diferentes expresiones de un único significado indivisible.
También presenta, al explicar esta doctrina, diversas afirmaciones acerca de las palabras reveladas: que fueron creadas en la Tabla Protegida, que Jibrīl عليه السلام las expresó, o que Muḥammad صلى الله عليه وسلم las expresó. Estos son detalles que la fatwa expone como parte de su análisis de la doctrina y no constituyen la opinión que prefiere.
La fatwa señala que los yahmíes sostienen que el Corán es creado, sin distinguir entre un significado eterno y una expresión verbal creada. No afirman el atributo del habla subsistente en Allah de la manera en que lo hacen los ashʿaríes.
Los ashʿaríes, por su parte, afirman el atributo del habla, pero consideran creadas las expresiones verbales reveladas. De ahí que se hable de coincidencia en una parte de la doctrina, no de coincidencia completa.
Ibn Taymiyyah comparó a los ashʿaríes con los muʿtazilíes y explicó que los ashʿaríes acertaron al establecer que quien habla es aquel en quien subsiste el habla, del mismo modo que quien posee conocimiento es aquel en quien subsiste el conocimiento.
Sin embargo, criticó que separaran el habla de Allah del Corán revelado y que describieran las palabras reveladas como una narración o expresión de dicho habla.
Se transmitió que Ibn Kullāb utilizó el término «ḥikāyah» («narración»), mientras que al-Ashʿarī utilizó el término «ʿibārah» («expresión»).
Véase: Al-Tisʿīniyyah, incluida en Al-Fatāwā al-Kubrā (6/632).
Por ello, la comparación entre estas escuelas teológicas requiere explicar estas diferencias y no es correcto reducir sus doctrinas a una sola afirmación sin más detalles.
La fatwa adopta la opinión de que el Corán revelado es el habla increada de Allah y que Allah mismo habló con él. No se trata de un habla que Allah hubiera creado en otra cosa y después se la hubiera atribuido.
Entre los principios que cita de Ibn Taymiyyah se encuentra:
«El habla es el habla de quien la origina, no el habla de quien la transmite y comunica».
Así, Jibrīl عليه السلام transmitió el Corán al Profeta صلى الله عليه وسلم, y el Profeta lo transmitió a su comunidad. El hecho de transmitirlo no convierte al transmisor en su autor original.
Por ello, la fatwa rechaza la afirmación de que las expresiones verbales del Corán sean creadas, aunque reconoce que la afirmación ashʿarí del atributo del habla distingue su doctrina de la de los yahmíes.
La fatwa enfatiza que criticar una determinada afirmación teológica no implica necesariamente declarar incrédulo a todo aquel que la sostenga.
Señala que una persona puede ser un sabio que haya cometido un error debido a una interpretación, o una persona ignorante que simplemente sigue a otros, y cualquiera de ellos puede tener una excusa.
Ibn Taymiyyah dijo:
«Quien de los creyentes se esfuerza por buscar la verdad y se equivoca, Allah le perdona su error, sea cual sea, tanto en cuestiones teóricas como prácticas».
Véase: Majmūʿ al-Fatāwā (23/346).
Explicó que las pruebas pueden no haber llegado a una persona, no haber quedado establecidas para ella, o que esta no haya podido comprenderlas, o que haya encontrado dudas por las que pueda ser excusada.
También dijo:
«No se declara incrédula a una persona concreta hasta que la prueba se haya establecido contra ella».
Véase: Majmūʿ al-Fatāwā (7/619).
Por tanto, un juicio general sobre una afirmación no debe trasladarse automáticamente a una persona concreta simplemente por su pertenencia a una escuela teológica.
La fatwa considera que los ashʿaríes coinciden con los yahmíes en afirmar que las expresiones verbales del Corán son creadas, pero se diferencian de ellos al afirmar el kalām nafsī eterno. Por tanto, la coincidencia es parcial.
La fatwa sostiene como opinión preferida que el Corán revelado es el habla increada de Allah, distinguiendo entre la crítica de una doctrina y el juicio sobre la persona que la sostiene, teniendo en cuenta la interpretación, la ignorancia y el establecimiento de la prueba.
Y Allah sabe más.